Estabas aferrada, unas carpetas, apuntes, eran tu balsa, hundida en el fondo del vagón. Mirabas hacia abajo, parecías a punto de quebrarte; disuelto en la multitud me refugiaba. Un instante, eras realmente frágil, hasta que me viste, te rascaste la cabeza y cruzamos miradas. Ya no podíamos volver al subte, ni refugiarnos, habiamos entreabierto una puerta y nos identificabamos; era de esperarse: evitamos nuestras miradas todo el viaje.
La humanidad suele ser una pesada carga. Considerá lo rídiculo del subte, la ciudad, los trámites.
miércoles, 9 de febrero de 2011
jueves, 3 de febrero de 2011
Todo.
Y vas y seguìs las noticias de Grecia y empieza el bardo y querés formarte una opinión sobre quien esta bien y quien mal y pensás en el 2001; y ves que en inglaterra pasa algo y lees y te enterás del sistema universitario inglés y pensás que está pasando algo y buscas con avidez información y vas a alguna marcha en solidaridad y lees sobre Túnez y buscas que alguien te pase un libro, una reseña histórica, siquiera, tratás de improvisar una línea en el asado, el domingo en la casa de tu tío y discutís y sentís que hay algo que esta bien, que es lo que va, que es la posta, que es justo y lindo.... y después ves que hay algo que muere y mata tendés a creer que lo justos no matan o matan menos o no sabés, pero leés y pensás que leyendo estas ahí: tirando molotovs, luchando contra la yuta, derrocando al régimen, liberandote, liberando a todos los hombres a través tuyo y soñás con esos días y los esperás ansioso, porque si el mundo no terminó, debiera. Porque esto no da para mas, lo ves en las caras, en las palabras en los poros, y ahí se te aparece Egipto y balbuceas los nombres de los fáraones, y el reino medio y te acordás de Nasser: San Martín, Nasser y Perón un solo corazón. Y no pensabas que algo iba a pasar, no tenías ni una pista, estaba mirando a otro lado, a todos lados, porque en cualquier lugar puede pasar y ahí lo ves, y si estuviera aí, sería tan lindo, o sino me voy a Grecia que seguro por allá vuelve a saltar, porque nunca se calmó, pero no te lo esperabas de Egipto tan Egipto, porque Egipto es muy Egipto, es re Egipto... La pregunta es: "¿tengo ganas de que este mundo siga como viene siguiendo?" No, y en un sentido profundo visceral, algo que incluye hasta el peinado, la ropa, las casas, las plazas, la idea misma de realidad, la noción mas profunda, desde ahí y junto con eso lo que venga. ¿Y te quieren conformar con un presente próspero? Y después, pasa algo en Suarez, a quince cuadras de dónde estas y te enteras menos que de Egipto: La pregunta es ¿Guarda o no guarda relación? Y no sé responder.
viernes, 26 de noviembre de 2010
La sangre derramada
Esperaste cuanto tiempo, demasiado -pensaste. La neursosis te hace armar oraciones muy enrevesadas. La guerra- otra vez pensaste (van dos ¡Bien!)- te enfrió el alma por, suerte.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
martes, 16 de noviembre de 2010
Rescate
La pava no podía estar así, me resultaba doloroso. Era hermosa... fue amor a primera vista, plateada con detalles en dorado. Alguna vez brillaste, en algún estante y eras nueva, sin esfuerzo lo imaginaba. Languidecías, él no sabía tenerte, no te merecía. Veía cada mancha como una afrenta, imaginaba las espurias sustancias con las que te había salpicado: grasa de chancho, tuco, aceite hirviendo, manteca, fernet, azúcar, harina, cerveza, huevos, polvo de hornear, margarina, sal, liquido de frenos, alcohol,semen. Imaginaba el oprobio, tu lenta agonía sobre esa hornalla y el fuego de la hornalla a máxima potencia horadando tu delicada superficie. ¡Canalla, cretino, sucio, ruin!. No te merece, no te merece, no te merece.
Lo miré dulcemente: que espere aquel beso que nunca tendrá. Deslice en la conversación "que linda pava". El gordo ruin, pensó que era un halago, que solapadamente al elogiar la pava lo elogiaba, elogiando su falo: repulsivo y egocéntrico. Todo mal con vos.
Si hubieses sabido lo que sentía por esa pava -veía su historia y su viaje, sentía su pesar- te habrías puesto celoso. Tenía que rescatarla, tenía que salvarla de su destino, tenía que restaurarla. Estábamos abrazadas y con ternura cubría su superficie con cif, con un paño húmedo fregaba; luego brillo metal y ni recién salida de la linea de montaje hubiese estado mas bella. Él era lo único que impedía nuestro idilio y la mejor manera de saltar un obstáculo es destruirlo.
Me alejaba de su casa, pava en mano.
Lo miré dulcemente: que espere aquel beso que nunca tendrá. Deslice en la conversación "que linda pava". El gordo ruin, pensó que era un halago, que solapadamente al elogiar la pava lo elogiaba, elogiando su falo: repulsivo y egocéntrico. Todo mal con vos.
Si hubieses sabido lo que sentía por esa pava -veía su historia y su viaje, sentía su pesar- te habrías puesto celoso. Tenía que rescatarla, tenía que salvarla de su destino, tenía que restaurarla. Estábamos abrazadas y con ternura cubría su superficie con cif, con un paño húmedo fregaba; luego brillo metal y ni recién salida de la linea de montaje hubiese estado mas bella. Él era lo único que impedía nuestro idilio y la mejor manera de saltar un obstáculo es destruirlo.
Me alejaba de su casa, pava en mano.
sábado, 6 de noviembre de 2010
Conejitos
De por sí a mí me provoca mucha pena matarlos, más allá de los experimentos que he tenido que realizar mientras estudiaba ciencias veterinarias en la ciudad de La Plata (Capital de la provincia de Buenos Aires), pero claro, mis recuerdos iban ligados a una imagen que había recibido desde niño al asistir a un colegio primario en donde el director que vivía en el mismo establecimiento (Sr. Estebes del colegio “don Pedro de Mendoza” de Quilmes) tenía por mascota a un conejo que andaba por toda la escuela y entre nosotros, cada mañana al izarse la bandera en el patio del colegio, con todos nosotros en filas por grados, el conejo llegaba y se ponía a unos metros del mástil, en donde se estaba izando la bandera, para alzar su cuerpo sobre sus dos patas traseras y observar de pie, y firme como nosotros, como subía el símbolo patrio hasta lo más alto del cielo; en los recreos solíamos perseguirle por los fondos del colegio y él corría y luego nos esperaba para que le sigamos, cuando se cansaba desaparecía de nosotros, su nombre era “Polonio”, yo más tarde tuve uno en casa pero no duró mucho tiempo, mi madre protestaba todo el rato por el animalillo, y como nadie se atrevía a matarle para comer lo regalaron, je, je, je, eso me han contado, por las dudas no comí carne por una semana, je, je, je, así somos los niños.... Mi sobrino Nahuel tuvo uno como mascota muy de niño, ja, ja, ja, aun recuerdo esas imágenes del conejo robándole el chupete y Nahuel corriendo detrás del conejo para quitárselo y regresarlo a su boca, ese se murió ahogado en un estanque de agua... Pero hubo otros conejos en mi infancia, los que criaban mis abuelos en la quinta, en una jaulas con doble compartimento, uno en el que paseaban y comían y el otro para dormir y tener crías, tengo aun muy claro lo que me decía mi abuelo de no molestarles cuando recién tenían las crías porque no les gustaba y podían matarles a todos, en fin, recuerdos de haber visto como les mataban no tengo pero si del ver sus pieles extendidas y colgadas al sol para que se secaran y el de haber comido carne de conejo en guisos.n “Cocina ecléctica” de Juana Manuela Gorriti, publicado en 1890 hay una sección dedicada exclusivamente al conejo.
Lecturas
De un chancho de unos 120 kilos, una vez degollado, se recoge en un recipiente toda la sangre, alrededor de 5 litros, batiéndola con mano y brazo desnudo para que no cuaje. De cualquier manera es preferible, luego, colarla para eliminar coágulos que se hubieran formado.
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