domingo, 18 de noviembre de 2012
Autoservicio: el progreso
Que carajo piensan los que piensan que carajo
Que carajo
Rajo, rajo por las tapas de luz, fichas geométricas
Quién sabe cuantas palabras mas habrá que despilfarrar
Que pasa cuando se te van de las manos y caen explotados a piso o al techo o se quedan en el medio como esas pelusas que ves volar los domingos a la tarde cuando entra el sol por una grieta y tratas de dormir una siesta, abrazado.
O escuchás una historia, alguna, cualquiera y mirás hacia algún lado y querés que nunca termine pero sabes que termina y ya ni podés empezar o no te diste cuenta que no importaba.
Quién sabe que cosas mas se pueden decir sin ver.
Y la injusticia? Qué onda con eso?
En la puerta de su casa, señora, vive dios con un perro flaco y usted ni lo mira ni lo quiere ver y le da miedo y le pone una reja al auto; y cuidado con el futuro, seguro de vida o algo asi.
En la puerta de mi casa también vive dios, tiene otra forma que no puedo ver.
Dejá caer los dias como gorriones, dejá caer los días como monedas, ¿Tan importante puede ser algo como para que te destriaga (volvé, traete de nuevo)?
y esto no es mas que una suma de ruidos, mientrás esperás el colectivo algún dios es despreciado. ¿Eso no te hace temblar los pelos de atrás de la cabeza?
Y ya ni me importa, y ya no importa ¿Aferrarse al dolor como manera de explicar algo es tan ciego como el optimismo suicida del capitalismo tardío?
Tocá cualquier tema.
Si podés ser todo.
Si pudiera abrir los ojos, si no fuesen sordos.
El otro día en el almacén me habló el chino con palabras poéticas, me dijo tres pesos de vuelto.
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